Ideario

Nuestra base: la antropología cristiana

Para contribuir al desarrollo de la personalidad de cada alumno como una persona singular, única e irrepetible, proyecto de Dios.

Como colegio católico nuestro proyecto educativo debe estar fundamentado en la antropología cristiana que se caracteriza por:

  1. CONSIDERAR al hombre como persona, creado a imagen y semejanza de Dios.
  2. ACENTUAR la responsabilidad de irse construyendo día a día a lo largo de toda la vida.
  3. PROPONER un modelo de persona que busca configurarse con la imagen de Jesucristo.

“Educar es enseñar a pensar hondo, a querer con eficacia, a amar con intensidad”. (P. Tomás Morales)

Nuestro proyecto educativo tiene como meta contribuir al desarrollo de la personalidad de cada alumno.  El alumno debe ser para toda la comunidad educativa una persona singular, única e irrepetible, proyecto de Dios, cuyo crecimiento es tarea permanente de la labor educativa.

Junto al educando el educador desempeña un papel decisivo para que se pueda desarrollar este proceso, pues sabe que toda dificultad será aceptada en la medida en que exista un clima positivo. El afecto y la exigencia actúan como agentes motivadores que hacen posible que un alumno se sienta no sólo potenciado y estimado por lo que es, sino por lo que tiene que llegar a ser. Podríamos sintetizar esta idea en el  pensamiento  “Educar amando, amar exigiendo” de Tomás Morales.

Una educación integral como la que proponemos, posibilita un proyecto de vida estable capaz de mantener al educando, una vez finalizada la etapa de formación académica, en una unidad de vida que le haga capaz de vivir con pasión el presente pero en un compromiso hondo con su futuro.

En el proceso educativo la existencia de la persona como un todo unificado y armónico requiere el trabajo de las siguientes áreas o dimensiones:

  • Física
  • Intelectual
  • Volitiva y del carácter
  • Afectiva
  • Ética
  • Religiosa
  • Social
  • Estética

Según la línea de humanismo cristiano que hemos ido manifestando parece importante recoger una serie de valores que ayudan al crecimiento personal, al de nuestra comunidad educativa y al de la  sociedad, buscando la verdad, el bien y la belleza.

PERSONALES:

. la reflexión
. la austeridad
. la exigencia
. la constancia
. el orden
. la interioridad
. la serenidad
. la generosidad

FAMILIARES:

. la gratuidad
. la gratitud y la alegría
. la libertad
. la responsabilidad

SOCIALES:

. la justicia
. la paz
. la pertenencia a la Iglesia
. la fraternidad

1ª) El sujeto como protagonista de su propia educación

Pretendemos suscitar en el alumno una respuesta positiva y responsable ante su propia educación. Al principio esta tarea empieza siendo ayudada desde el exterior “heterónoma”, y acaba asimilándose por parte del educando de forma autónoma. Los profesores desempeñan un papel insustituible en este acompañamiento.

Se trata de motivar al niño y al joven para que progresivamente vaya asumiendo la responsabilidad de su autoeducación y que comprenda que esa es una tarea en la que nadie le puede suplir. Hay que orientarlo para que vaya perfilando su propio proyecto de vida y para que entienda que ningún aprendizaje se logra sin esfuerzo y,  menos aún, si se trata de aprender a ser persona.

2ª) Una educación centrada en el esfuerzo

Reconocemos la necesidad del esfuerzo como condición de todo aprendizaje. En nuestra  sociedad es de enorme importancia esta educación que haga a los niños y jóvenes conscientes de que lo que se consigue con esfuerzo personal genera un alto grado de satisfacción y nos hace crecer como personas.

Si el entusiasmo es el motor que impulsa a la superación, en la medida en que sepamos crear un clima de entusiasmo en el aula y en el centro, estaremos cautivando a nuestros alumnos para que interioricen esta cultura del esfuerzo.

3ª) El desarrollo de la reflexión y el juicio crítico

Buscamos que el alumno sea consciente de la trascendencia de los actos que realiza y de sus consecuencias, para él y para los demás.

Desde la reflexión se potencia el  que la persona sea capaz de descubrir valores, de comprender  su importancia y de discernirlos de los contravalores, posibilitándole elegir su propia escala de valores y , dentro de ella, saber jerarquizarlos.

La formación del juicio crítico permite responder al entorno sin dejarnos manipular, a la vez que fomenta desde el respeto, la crítica constructiva y conducente a la acción.

Es esencial que la reflexión se acompañe de una educación para el silencio que facilite al alumno no sólo usar la inteligencia, sino escuchar en su  interior.

4ª) La ayuda en la búsqueda de la autonomía personal y de la libertad del alumno

Otra de las líneas de acción se dirige a la búsqueda de la autonomía personal, mediante la ayuda al alumno para gobernarse a sí mismo, respetando su libertad pero motivándole desde las razones que impulsan para actuar.

En nuestra propuesta educativa la educación “en” y “para”  la libertad se apoya en los siguientes pilares:

– La capacidad de autodominio
– La preocupación por los demás
– El cumplimiento del deber.

Estos tres pilares se sustentan a su vez en el cultivo de la responsabilidad.

5ª) Servicio a los demás

– La educación para la convivencia en nuestro centro se orienta  hacia: El cuidado de los pequeños detalles.
– El cultivo de  la alegría y el entusiasmo.
– La propiciación de  la participación activa que fomente la cohesión en valores y normas.
– Un profundo respeto  por la diversidad cultural.
– La aceptación y el  respeto  de la autoridad, así como de las normas de convivencia.
– La potenciación de la corresponsabilidad buscando el saber delegar tareas y responsabilidades, mediante una actitud de respeto y estima hacia los demás.

Todo ello vivido en un clima de unidad,  en el que todos nos ayudamos con el ejemplo y el testimonio, compartiendo las alegrías y las dificultades, los éxitos, los trabajos, y todo aquello que nos hace sentirnos miembros no sólo de un mismo centro, sino de una “familia” donde somos acogidos y todos nos implicamos responsablemente. Este clima se teje o desteje cada día, en cada actuación personal, considerando el diálogo, la comprensión y el perdón, buscando siempre la verdad, queriendo el bien y defendiendo la libertad propia y la de los demás.

Pretendemos suscitar en el alumno una respuesta positiva y responsable ante su propia educación. Al principio esta tarea empieza siendo ayudada desde el exterior “heterónoma”, y acaba asimilándose por parte del educando de forma autónoma. Los profesores desempeñan un papel insustituible en este acompañamiento.